lunes, 25 de abril de 2011

Algo de Serie B


 Hace poco más de 4 meses en Youtube, se transmitió de forma simultánea para todo el mundo videos y cortometrajes dirigidos o realizados por desconocidos, jóvenes y personas amantes del video de todos los rincones del orbe reunidos através de un portal de internet. La sede fue el moderno Museo de Guggenheim de Nueva York.    El resultado fue sorprendente, brillante, ecléctico y democrático. Los videos iban desde ejercicios visuales, hasta cortos documentales, pasando por interpretaciones solistas de una partitura clásica y que finalmente fueron reunidas en un collage de imágenes y sonidos de una orquesta global compuesta por músicos que se grababan en su interpretación de la misma obra. Ahí podría estar desde un violinista latinoamericano hasta un clarinetista ruso o un percusionista tailandés. El caso era ser globales. El objetivo era mostrar a un mundo, que si bien es globalizado, también es completamente plural y rico en expresiones visuales. La sentencia es la búsqueda del talento y del genio que no tiene cuna. El genio no sólo nace ni se desarrolla  en las grandes urbes de los país globalizados, si no también en los alejados rincones de este planeta con 6 mil millones de humanos.  Ejemplos son tantos e incontables en cada rama de las artes u otra disciplina del hombre.
Como le platiqué la semana pasada, las nuevas tecnologías nos ayudan a ahorrar tiempo, dinero, esfuerzo, pero además nos permiten que las herramientas que antes eran muy costosas ahora sean emuladas por otra más económicas,  pero para nada despreciables o con  falta de calidad. Le platicaba como hace 30 años grabar hacer cine era muy costoso y ahora un director conocido lanza su próxima obra en festivales de cine grabando sólo con un teléfono celular de esos de última generación. Ahora cualquiera puede hacer algo y que millones de personas lo vean, critiquen, admiren.
Teniendo como inspiración, este ejercicio artístico, Televisa del Golfo lanza una convocatoria para un concurso de cortometrajes. La mecánica es sencilla: El chavo escribe una historia en alguna de las categorías participantes, como son ficción, documental, terror o suspenso; forma su equipo y se inscribe en las instalaciones de la televisora. Después, se seleccionará a sólo 3 equipos de cada categoría y tendrán  5 días para la producción de su trabajo.  Todo corre a cuenta de los participantes: la historia, los actores, la producción.  Todo.  Ahí está el reto. Los jóvenes entre 16 y 26 años tienen las herramientas tecnológicas como cámaras de alta definición casi de bolsillo, pero sobre todo tienen el talento que han desarrollado, viendo todo tipo de cine, programas de televisión, historias que han leído, o trabajos que les han pedido en la escuela.  Créame que se sorprendería de la creatividad mostrada en los guiones que nos han llegado al equipo de producción, historias que van desde la terrorífica justificación de una asesina serial hasta el pequeño documental de la vida de un pescador que al aumentar la contaminación en los ríos locales han dejado su actividad económica. Imagine un poco del infinito mundo de la creatividad de los chamacos.
El proyecto se llama SerieB Concurso de Cortometrajes y el nombre proviene de aquellas películas realizadas con bajo presupuesto y actores principiantes no reconocidos y que muchas veces no llegan a las pantallas de los cines, pero que definitivamente han influenciado al séptimo arte hasta sus más profundos cimientos. Prueba de ello es la ola de directores famosos que han plagado el cine de hoy con referencias directas a las B Movies (como les llaman los gringos) como Tarantino, Spielberg, Lee, Sam Raimi, Scorsese, entre otros.  La pantalla está lista, lo que falta es que alguien la llene, la escriba, nos cuenten historias.
Después de todo el genio no tiene cuna.

sábado, 9 de abril de 2011

Rango: Cuando las palomitas dan sed.


 Las múltiples lecturas siempre aparecen en cualquier arte. El filtro de la percepción (siempre personal) acompaña a la vista de cualquier manifestación artística del hombre. La clarificación de algún mensaje en el discurso artístico es acompañada no sólo por los conocimientos obligatorios que rigen la estética sino por la maraña de vivencias, cultura, estado de ánimo del espectador. Me explico más claro. El ver, escuchar y sentir una obra va intrínsecamente ligado a lo que sabemos, hemos vivido, leído o escuchado. De ahí los gustos e inclinaciones por los géneros o disciplinas.  ¿No le ha pasado que al leer o ver algo,  no lo toma a otras interpretaciones y se le hace una lectura difícil, pesada o sin efecto,  pero con el paso de los años o al hacer  otras lecturas, encuentra una referencia que le hace brillar aquello que ya leyó  y esto se torna más completo e importante?  ¿Le ha pasado? ¿Recuerda el libro de El Principito? ¿Recuerda lo simple y profundo de su mensaje?  
Rango es un camaleón doméstico (de esos que nos venden en las tiendas de mascotas)  que vive  sólo con su ilimitada imaginación  en una pequeña isla de plástico  y que al  recitar a Shakespeare llega a la cúspide existencial al preguntarse: ¿Quién soy yo?   En ese preciso momento de la búsqueda del ser en una lagartija, los dueños de Rango tienen un accidente en carretera y  queda desamparado en medio del desierto. Tras vagar sin agua durante varias horas, Rango conoce a Beans, una lagartija ranchera que lo conduce hasta el pueblo de Dirt, azotado por la sequía, culpa de su alcalde y cacique quien administra la última cisterna del lugar. Entonces el escenario del camaleón actor está listo para construirse una leyenda y convertirse, aunque sea en cuentos, en un héroe del género western. Un western animado, con todos los personajes del género: un forastero, un antihéroe, la búsqueda de la justicia, los revolvers, los duelos, la sed. Hace algunos años nadie apostaba por el western.  Era un género muerto, y groseramente parodiado. Ahora vemos su tímida resurrección de la mano de de los Coen por “Temple de acero" (True grit, 2010) y de Gore Verbinski, el tipo que revivió las películas de piratas con sus "Piratas del Caribe" y que ahora nos regala la ilustradísima existencia de una lagartija casera que se convierte en sheriff.
En el pueblo a dónde llega Rango ( y en nuestro mundo) el agua es la medida y detonadora de todas las acciones. Es el valor y el futuro de los seres vivos y el hombre al tener control de ella es el cacique de reinos que no nos pertenecen.
 El valor de esta cinta animada no sólo es por la perfección técnica en los personajes, paisajes y musicalización, sino en las múltiples percepciones que se le pueden apuntar a las aventuras de esta lagartija que le cuento.   Rango no sólo es una película animada para niños que ni siquiera conocen (por su corta edad) a Clint Eastwood, o a Sartre, sino un noble discurso de la existencia misma del individuo, siempre en busca del conflicto. Aquel conflicto capaz de hacernos recordar que estamos vivos. Y por lo mismo, sentir sed, hambre, soledad y redención.
Lleve los chamacos al cine, ellos reirán y usted disfrutará de otra lectura.

sábado, 26 de marzo de 2011

127 horas

Es difícil saber cuáles son los límites del espíritu humano. Imposible determinar hasta dónde puede llegar el hombre (en  cuerpo y alma) en la lucha por sobrevivir.  La historia nombra algunos límites y enumera quiénes los rompen.  En la larga lista de transgresores podemos mencionar desde el atleta que puede correr 100 metros en menos de 10 segundos hasta aquel hombre que cruza el desierto de Arizona y penetra la frontera de Estados Unidos con tan sólo (o sin) una botella de agua y nada de alimentos en 5 días. Desde el alpinista que llega a la cima del Everest sin tanque de oxigeno, hasta el balsero que se perdió en altamar por casi 9 meses.
Desde niño las historias de sobrevivencia eran contadas por mi padre en las noches en la que la tormenta interrumpía el suministro de luz eléctrica. Entonces las historias de coraje, valentía venían a colación. Mi padre me contaba los reportajes que leía en la revista Selecciones: Los sobrevivientes de los Andes; una turista de crucero que queda a la deriva y nada por 3 días; los rescatistas del sismo del 85, el ciclista que después de tener cáncer de testículos vuelve a ganar el Tour de Francia. Cada de una de estas historias tenían el común denominador del poder de la voluntad del espíritu humano. Yo simplemente oía, imaginaba.  Los límites del hombre son incalculables. La ciencia dice una cosa, la voluntad quebranta todo.
127 horas, es la última película de Danny Boyle, el incomprendidamente multipremiado director por Quisiera ser millonario, en ella vuelve hacer uso de un estilo con artificios y pirotecnia cinematográfica para contarnos una historia moderna de sobrevivencia.  Aquella de un chavo gringo que le gusta los deportes extremos y que se lanza a la aventura para recorrer  parte del desierto de Utah. En ese viaje queda atrapado al caer de un cañón y sobre su mano cae una enorme piedra que le hace imposible su escape. La línea argumental es precisamente el transcurso de 127 horas atrapado y las vicisitudes para poder salir vivo de ese lugar.  Cinco días atrapado, sin agua y alimentos. La única forma es cortarse la mano y caminar hasta que alguien lo encuentre y le ayude. Esa es la historia. El morbo al asistir a la sala es saber si se verá como se corta la mano en una secuencia casi al estilo gore de los ochentas.
El noveno largometraje en la carrera de Boyle es una producción muy cuidada, con una excelente fotografía, un acompañamiento musical bueno y sobre todo una inspirada interpretación de James Franco, que hace soportable los más de noventa minutos que dura esta recreación de un caso real. La película en general está construida para impactar, para mover las tripas, para que se sepa que nada puede contra el instinto de sobrevivencia del hombre. La verdad no sé si sobrevaloraron ( nuevamente) el trabajo de Boyle, ni que sea lo peor de su carrera, pero lo que si sé, y se agradece, es que ese director inglés me hizo recordar las historias contadas por mi padre sobre los superhombres que sangran, que sienten y que superan todo limite. Eso vale la pena. Que los clavados del cine hablen mal de ella. Usted véala y cuéntela en el apartado de "Historias extraordinarias de sobrevivencia".

jueves, 24 de febrero de 2011

Una de vaqueros


Es difícil trabajar en equipo. Las complicaciones aumentan cuando el equipo está conformado en gran parte por tu familia. Algunos aventurados aseguran que ésta es la mejor forma de trabajar y que no hay mejor equipo de trabajo que tu familia. El caso es que cuando vienen las dificultades que todo proceso de producción implica, mantener el equilibrio por el nivel de confianza y relación laboral es complicado. Pero bueno, cada equipo es un mundo.
 Imagine que usted de pequeño juega con su hermano a los carritos y terminan de adultos teniendo una agencias de autos. O jugaban con una cámara de video y terminan convirtiéndose en directores de cine. La historia de los Hermanos Coen es algo parecido. Ethan y Joel Coen son dos directores americanos de ascendencia judía que en la mayoría de las películas de su creación se presentan como directores de la cinta. Son un ser creativo a 4 manos, un director de dos cabezas. Gracias a que en su infancia sus padres les compraron una cámara de video, el lenguaje audiovisual ha sido la mejor forma de hacerse notar, además de regalarnos pelis como Barton Fink, El gran Lebowski, Fargo y Sin lugar para los débiles. En sus películas nos cuentan historias no tan convencionales como la vida de un escritor que no puede escribir sobre encargo y el carácter  diametralmente opuesto de uno que sólo escribe para ganar dinero, una policía adicta al café, un maestro universitario que todo le sale mal, un quinteto de ladrones fracasados.  Los personajes en sus películas son presas de sus mismos laberintos, sus hábitos, su destino y sus demonios.  Difícilmente veremos en los próximos años películas al nivel Un Hombre serio. La mezcla de un humor inteligente, oscuro, en cada uno de los diálogos están perfectamente planeados, no son producto de casualidades estilísticas sino de un talento pulido con trabajo y la innata manera de ver conductas y volar en su imaginación la construcción de ficciones casi absurdas.
En las últimas semanas la maquinaria de los Oscares ha comenzado a moverse y alterar el consumo de las salas de cine nacionales.  Dentro de las nominadas a la estatuilla está en 10 categorías la última de los Coen, True Grit, o Temple de acero por su nombre en español.  Es un western, una historia de venganza, de coraje, de redención.  Basados en una novela del oeste americano de  Charles Portis, la cual también fue adaptada al cine en 1969 y que en el papel principal tenían a un tuerto John Wayne, actuación por la que le dieron un Oscar a Mejor Actor, los Coen readaptan la novela y ahora con un veterano Jeff Bridges, interpreta a Reuben J. “Rooster” Cogburn, un oficial borracho y algo obeso que es “contratado” por una jovencita de 14 años  a la que asesinaron a su padre  para cobrar venganza de los asesinos. Las actuaciones dan tono, el ambiente es recreado de una forma increíble y la música es otro personaje del montaje impecable.  Es una de vaqueros contada con tan fina factura que no nos deja desde el inicio hasta la última secuencia. Este monstruo de dos cabezas, nos han dado de 4 de sus últimas películas 3 obras de arte, dignas de admirar y disfrutar.
No podría decir que es la mejor de los hermanos, pero si le aseguro que es de lo mejor de este inicio de año. 
Emmanuel Martínez Zamorano

domingo, 9 de enero de 2011

Tiempo de villanos


De todo lo que está disponible en la cartelera  de este arranque de año  le podría recomendar una película para niños: Megamente.  Bueno, dirigida a los chamacos por su naturaleza de animación pero que logra con creces cubrir la necesidad de entretenimiento en nosotros los aburridos adultos. Este es un gran alivio ya que son los  adultos los que llevan o pagan un boleto a un niño.    Hace apenas unos días un amigo me recomendó esta película y me aseguró que era de lo mejor que había visto en el año. Y es verdad. No sólo por el despliegue de tecnología animada de DreamWorks, sino por lo acertado en sus repetitivos pero inteligentes  y divertidos guiones como Sherk, Cómo entrenar a tu dragón y Mi villano favorito.
El argumento es sencillo  y lo más parecido a un déjá vu de la historia de Superman.  En una galaxia muy lejana dos mundos se destruyen y mandan por el universo a lo último de su civilización: dos pequeños que llegan a la Tierra con poderes sobrehumanos. Uno  es criado en una casa de rico, el  otro pequeño extraterrestre en una cárcel. Así que los dos crecen en mundos totalmente distintos y necesariamente opuestos para empezar una batalla por el resto de sus vidas en Metro City. Un buen día Megamente (el extraterrestre malo)  desaparece a Metro Man (el bueno) y con ello tiene en sus manos a la ciudad para sumergirla en su dominio. Sin embargo esto le parece muy aburrido y decide crear un héroe a la altura de él como supe villano. La historia termina con un villano con corazón de héroe que le teme a las arañas. No es necesario que le cuente más, mejor escape con sus hijos, sobrinos, amigos, novia, abuelitos o perico al cine. Véala, ríase disfrute lo que se hace por computadora una productora con millones de dólares y cómase unas palomitas.
¿Qué hace al hombre bueno o malo? ¿La cuna donde se crió? ¿Las influencias en su desarrollo como persona, la sociedad, la cultura, la vida misma? No lo sé. Probablemente sea todo, pero a la vez nada de  lo anterior. Tal vez,  el germen del mal o la semilla del bien estén desde un inicio en el corazón del hombre.  Un ogro es bueno y tierno. Un vikingo quiere la paz y un extraterrestre que planeaba la destrucción del planeta ahora es quien lucha por ella.   Esas son historias de niños y adultos.  Créame que hasta el dragón cuenta borreguitos antes de dormir. 
Feliz Año. 

jueves, 16 de diciembre de 2010

Con "F" de Famoso


La revista Times lanza la portada de su próximo número, en ella aparece la cara pecosa y con marcas de acné de un joven de 26 años al que catalogan como “La personalidad del Año”. Su nombre es Mark Zuckerberg, fundador de un monstruo cibernético llamado Facebook. Él se ha convertido en la segunda persona más joven en ser nombrada por esta revista como personalidad del año desde su fundación, superó por apenas dos semanas a la reina Isabel II, que tenía 26 cuando fue nombrada en 1952.  Y eso, ¿qué tiene que ver con el cine? Se podrá preguntar usted.  Bueno, hace una semana se estrenó en México la película Red Social, de David Fincher,  que habla precisamente del génesis de este enorme medio de comunicación nativo de la Internet que hasta hace unas semanas llegó a la cifra de  560 millones de usuarios o lo que es lo mismo:  una de cada 10 personas que habitan el planeta cuentan con un perfil para hacer amigos. Nada es ajeno a esta red social, nada. Todo lo que acontece en el planeta, puede ser reflejado en los perfiles cibernéticos de este ejército de avatares, que si fueran un país,  Facebook sería el tercero más poblado del mundo a tan solo 6 años de su fundación.    Esta fría herramienta de socialización cibernética no sólo se ha convertido en un fenómeno de la comunicación humana sino también en la manzana de la discordia de empresas globales y amigos inseparables. 
David Fincher junto con su guionista Aaron Sorkin, nos cuentan de una manera un tanto ficticia y recreada,  el problemático origen de Facebook.  Repasando de una manera rápida  a Fincher, podríamos tener un ejemplo de la factura de sus películas con títulos como El club de la Pelea, Se7en: Los siete pecados Capitales y El curioso caso de Benjamin Button. Creo que es uno de los directores gringos con mayor talento para contar historias donde se clarifican  los demonios que viven en la mente de la sociedad moderna, nomás échele un vistazo a Zodiac o The Game. En Red Social el ritmo y la calidad de lo que parecería una película hecha al vapor para aprovechar la ola de fans y de usuarios de Facebook, se convirtió en una película alabada por la Asociación de Criticos de NY y de la Asociación de prensa extranjera en Hollywood que postulan a las películas para los Globos de Oro.  El caso de estas películas en las que se suponen que son basadas en la vida real, es precisamente no buscar la similitud con la realidad ya que disfrutar la película es mucho más entretenido que encontrar las verdaderas referencias de la realidad en las mismas.
Es mucho más sencillo disfrutar la película si la vemos como tal y no como una historia verdadera. Porque como cinta de ficción, es de lo mejor en lo que va del año. Es un pequeño tratado ilustrado  sobre la naturaleza de la genialidad, sobre los bajos escrúpulos en el mundo de los negocios, sobre un hombre(un chamaco) que es capaz de acabar con todos sus lazos personales con tal de proteger una idea una idea que, incidentalmente, cambiará para siempre la manera en la que conceptualizamos la palabra “Amigos”.  No la vea como un documental de Facebook, porque no lo es. Véala como una advertencia de que los nerds en poco tiempo conquistarán al mundo (jaja).

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Palomitas por favor

   No todo el `Cine Palomero´ es malo. Es más,  de ese enorme universo de churros  podemos hacer un selección de aquellas películas que nos gustan mucho, incluso salvar a una que otra y catalogarla como `joyita´. Créame que no es un pecado aceptar en la intimidad de una charla entre amigos que a uno le guste pelis como ´La Roca´ o `Rambo 3´. Repito no es malo, no es un crimen y no debe sentirse apenado por tales gustos. Tal vez esto le traiga un enorme alivio.  De hecho grandes maestros de la cinematografía mundial como Tarantino, Kusturica, Almodóvar y Scorserse aceptan sus gustos bizarros  y hasta aceptan la influencia de aquellos géneros que de forma despectiva los han catalogado como la `comidilla del cine´. Recuerde que para hacer una película por más chafa que nos parezca requiere un gran trabajo por parte de la producción y tal vez merezcan un poco de nuestro tiempo. Los críticos son los que se encargan de destruir o elevar las películas. Nosotros como cinéfilos sin pretensiones nos regimos por nuestros gustos y filias. Buscamos divertirnos, hacernos pensar, conmovernos, o simplemente celebrar la belleza.  Uno debe de tener bien en claro a lo que va al cine. Con el Internet ya no es válido el argumento de: “esta película no vale ni la entrada”,  porque con tanta información que nos arroja la red sobre la película que escogimos para ver, es necedad entrar a ver una peli y que salgamos enojados o decepcionados como si de un robo se tratara.  La responsabilidad es de uno y de nadie más.

Cuando me enteré que Helen Mirren, Morgan Freeman y John Malkovich le iban a seguir el juego a Bruce Willis para hacer una película de balazos y espías, pensé de inmediato que tenía que verla. Me gusta Mirren, Freeman y Malkovich. Todos nos pueden dar una cátedra de actuación, pero ¿Bruce Willis? Lo único que nos podrá enseñar es como posar mejor con un arma automática para la lente. ¿Qué puede reunir a tan buenos actores ( aparte del dinero)para participar en un churro de espías? La respuesta más sencilla sería: pasarla bien. Y eso es precisamente lo que estos veteranos nos reglan en “RED”.  El protagonista es Paul Moses(Willis), un super agente que durante muchos años hizo el trabajo sucio para la CIA.  Moses se retira con el objetivo de llevar una vida tranquila. Pero sus antiguos jefes deciden que sabe demasiado para andar circulando libremente por ahí y que tiene la facultad de echar a bajo la candidatura presidencial al vicepresidente de los Estados Unidos, por lo que deciden asesinarle al igual que a los ex agentes retirados como los que encarnan los actores veteranos que le cuento. Entonces el destino los vuelve a juntar para la última misión de sus violentas vidas, que es la de sobrevivir. ¿Un argumento predecible? Claro. ¿Un churro como los de los Almada pero de alto presupuesto? Tal vez. Pero de que se va a divertir, de eso estoy seguro. 

A poco ¿No le gustaría ver a la serenísima ganadora del Oscar,  Helen Mirren agarrar una metralleta calibre .50 y comenzar a dispararle a todo lo que se mueve?

viernes, 19 de noviembre de 2010

De tripas corazón



Como ya he escrito antes: Soy fan de las películas de zombies. De chavito me aterraban las películas de horror de los ochenta. Es más, no podía mantener los ojos abiertos frente alguna peli de ese tipo tan siquiera por 5 minutos, y si los mantenía abiertos ya en mi cama y con las luces apagadas del cuarto, la oscuridad se tornaba el peor enemigo de mi sueño, la imaginación desbordaba en posibles seres monstruosos producto de sombras y altas dosis de imaginación. Después de largas horas buscando dormir me daba por vencido, entonces tenía que pedirle a mi hermano menor que si me daba chance de dormir en su cama, a lo que el siempre aceptaba sin palabras al hacerse un lado para yo protegerme de los zombies y demás criatura de la noche bajo el poder invencible de las sábanas. No sé de donde venga ese afán de seguir viendo ese tipo de películas, ni la gracia que me causa el ver en la pantalla la transformación, metamorfosis, nacimiento, aborto, amputación, decapitación, etc. de algún `engendro del mal´. Aún a esta edad cuando veo en soledad una de estas joyas del horror, brinco una que otra vez cuando la dosis de terror lo amerita. Pero no es así en público o cuando estoy acompañado. En público en lugar de un grito o brinco de miedo es una carcajada y asombro al preguntarme cómo diablos hizo eso el director. Eso hace evidente que algo de ese chamaco que le encantaba el terror pero en las noches no podía dormir sigue dentro de mí. El género de terror es el último en ser invitado a la fiesta del cine. Es el patito feo y la oveja negra. Mientras las películas de drama se llevan los premios y las cintas de acción, comedia y dibujos animados se reparten la taquilla, el género de terror en Hollywood es una máquina que sólo sabe hacer dos cosas: importar y fotocopiar. Prueba de ello es los churros de los últimos 5 años que nos han querido vender por terror los gringos y los chafísimos remakes del género de otro país como Japón y Corea.
Hay algunos que odian o que simplemente hacen a un lado este género cinematográfico y hay otros que lo veneran, que lo aman, lo respetan y lo promueven. Pero bueno en los gustos se `destripan´ géneros.
El nuevo boom de los zombies y toda la ola de cine de horror (sus derivaciones al subgénero gore) , podrían responder a los difíciles tiempos por los que atraviesa la humanidad. Sólo es necesario recordar el primer boom del género en la década de los setentas y ochentas y que probablemente respondía a las hambrunas de proporciones bíblicas del continente africano en aquellas décadas. Recuerde que los zombies comen carne y sesos de humanos indefensos que corren por sus vidas.
The Walking Dead es un cómic que inició en el 2003 que cuenta cómo Rick Grimes, un policía de Kentucky, después de un incidente en cumplimiento del deber, despierta de un estado de coma para encontrarse con un Apocalipsis zombie: Un mundo arrasado por cadáveres deseosos de carne fresca. Ese cómic brincó a la televisión y se estrenó en Latinoamérica el 1 de noviembre. De la mano del director de Milagros Inesperados recorreremos un planeta devastado por los muertos vivientes y lo que los pocos sobrevivientes hacen por continuar con la raza humana. ¿Predecible? No lo creo, esa es la frescura de la historia.
Después de todo hoy en día el hombre devora al hombre. En todo sentido.
Emmanuel Martínez Zamorano

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Google y El Escritor Fantasma


Se supone que la tecnología debe de hacer más fácil la vida de las personas. Una ama de casa puede cocinar más rápido y más sencillo con los nuevos utensilios de línea blanca como un horno de microondas, un estudiantes hace (o debería hacer) la tarea más rápido y por lo tanto aprenderá más en menos tiempo, un carpintero producirá un mueble más rápido con las nuevas herramientas que cuando solamente contaba con serrucho, un martillo y clavos. La tecnología avanza y hace más fácil la tarea de nosotros los flojos humanos. Pero hay gente muy poderosa que en pleno 2010 (año en que algunas películas ochentenas ya profetizaban autos voladores) no saben utilizar la computadora ni para escribir lo que piensan. Así es, gente capaz de comprar ciudades enteras y declarar guerras entre países no son capaces siquiera de jugar solitario en una compu. Cosas de la actualidad, dicen ellos. Barack Obama la sabe usar y eso fue una de las claves para que el primer presidente negro llegara a la Casa Blanca. A lo que me refiero es que no es la falta de educación la responsable de la brecha tecnológica en algunas generaciones antes de los niños del Nintendo, sino que hay gente mayor que en verdad le importa un comino la tecnología si tienen el poder de que otras personas hagan ese trabajo por ellas. Eso es más eficiente que lo último en la tecnología.

Uno de los maestros del cine mundial, Roman Polanski, regresa a los cines con El Escritor Fantasma. El título del filme hace referencia a la actividad que el protagonista (Ewan McGregor) desempeña: un escritor que en base a entrevistas recopila datos de algún personaje, los convierte en una autobiografía sin recibir crédito alguno. Este escritor es contratado para terminar las memorias del ex primer ministro inglés Adam Lang (Pierce Brosnan) luego de que el cuerpo del primer encargado de realizar esta tarea fuera encontrado muerto en una fría playa de los Estados Unidos. Para ello el escritor se muda al lugar donde vive el político inglés y tiene que escribir en su casa y bajo vigilancia. El nuevo ‘fantasma' duda de la versión oficial que explica la muerte de su antecesor como un accidente o suicidio. Las acusaciones que caen sobre Lang de haber cometido crímenes de guerra durante su lucha contra el terrorismo incrementarán sus sospechas de que el político tiene un oscuro pasado por revelar. Ahí empieza el thriller. Y ahí es donde entra la tecnología. Por medio de Google y un GPS, el “chicho” de McGregor encuentra que efectivamente el ex primer ministro ha tenido vínculos con agentes de la CIA y empresas que financian las últimas guerras en el medio oriente. El escritor comienza su búsqueda de la verdad sabiendo que nada de lo que encuentre se publicará y que en todo momento corre el peligro de ser asesinado y tirado en alguna playa fria de EU.

Polanski regresa para el bien del cine. La maestría en la cámara se nota. Su ritmo nos entretiene, nos pone a pensar. Logra crear la atmósfera necesaria para un trhiller político certero y fino. En la película se encuentran semejanzas a la realidad, ya que en algunas partes aparecen referencias directas a Tony Blair el ex primer ministro acusado de intervenir en una guerra que los gringos comenzaron. El único problema del argumento sea que toda una investigación que involucra un negocio de miles de millones de dólares y otros miles en costos de vidas humanas sea capaz de ser revelada a través de la búsqueda en de la información en internet. ¿Será que los poderosos desconozcan hasta donde puede llegar ese poderoso “Voy a tener suerte” de Google?



sábado, 30 de octubre de 2010

Personajes inolvidables



Probablemente sea en los actores donde recaiga la gran responsabilidad de hacer real, palpables, las historias que un guionista y director hayan imaginado. En sus hombros está el peso dramático, la fuerza, la entonación; su voz, sus actos y gestos construyen o destruyen la obra de todos los que participan en el rodaje. De ahí que los directores tengan que dedicar gran tiempo para la selección y valoración del talento actoral para su nueva peli. Créame que es un gran y desgastante trabajo. El director debe de tener en claro la secuencia o la escena cumbre de su historia para situar al actor que está viendo en el casting y poder tomar la decisión de si esa persona será el ser humano que rentará su cuerpo para que otra persona encarne en él. Para que otras vidas se cuenten. No pocos directores alguna vez hablan de esta tarea tan importante a la hora de emprender una nueva obra cinematográfica. Podemos recordar algunos: Bertolucci, Fellini, Kusturica, Coppola, Kubrick, Lucas, Allen, Scorserse, Kar Wai, Kurosawa. De la mano de ellos hemos conocido a personalidades tan profundamente complejas como, Jack Torrance en El Resplandor, o a un tal Paul en El Último tango en París; o a un galáctico Luke Skywalker, o algún taxista asesino llamado Travis Bickle. Los personajes no tienen limites, crecen en un universo alterno, inventado o recreado. Son los actores que después de su interpretación muchas veces son consumidos por el personaje que encarnaron y difícilmente serán recordados por algún otro trabajo. A poco, no le es difícil imaginar un Anthony Hopkins sin relacionarlo con un asesino serial comesesos; o a un vampiro sin la capa y cara pálida de Bela Lugosi. No fue fácil creerle a Mel Gibson que durante tres películas fue un policía carismático en Arma Mortal, convertirse en un libertador irlandés en Corazón Salvaje. Los personajes causa en nosotros empatía, odio, repulsión, miedo. De ahí es donde nosotros seleccionamos a nuestros héroes favoritos, o nuestros villanos preferidos. Algunas veces es el personaje el que saca a flote a las pelis y le dan el valor a nuestros pesos gastados en las salas del cine. El personaje es la conjugación perfecta del talento de tres personas: el escritor, el director y el propio actor.

Sería bueno hacer un ejercicio de los mejores personajes del cine nacional. Hay que intentarlo. Tal vez unos podrán decir que es una tarea de flojera, pero dentro de la lista probablemente brinquen nombres como Pepe El Toro de Pedro Infante, el infinito Cantiflas, la dupla de Viruta y Capulina, la mujer fatal de María Félix, incluso a los Almada. Inténtelo. Recuerde cuál ha sido el último personaje que valga la pena en el cine nacional. Desgraciadamente los personajes se recortan y los nombres se repiten en Bichir, García Bernal, Luna, Alcazar, Talancón, De la Reguera, etc.

En El Infierno de Luis Estrada, la construcción de los personajes podrían caer en el esteriotipo, llenos de clichés y de características recurrentes en la filmografía nacional y en la del mismo Estrada. Sin embargo, eso es precisamente lo que busca el realizador. La similitud de los modelos satíricos en la realidad de la sociedad mexicana de hoy en día conmociona. Los personajes de la película potencializan la semejanza de la que hoy es la realidad de México como si fuera una terrible caricatura. El Cochiloco, interpretado por un magistral Joaquín Cosío es un demonio entrañable, un asesino que de alguna forma nos llega a caer bien su personalidad, misma que se desdibuja por lo atroz que resulta. Probablemente sea el mejor personaje del cine mexicano de la última década.

Emmanuel Mtz Zamorano

miércoles, 20 de octubre de 2010

La vida es biutiful, amigo Inárritu



Por: Emmanuel Martínez Zamorano
Hace 10 años una voz cinematográfica comenzó ha ser eco en los principales festivales de cine del mundo. Algunos críticos alrededor del globo le llamaron como `la punta de lanza del Boom del nuevo cine mexicano´ (aunque no se tenga bien claro que es eso del Nuevo Cine Mexicano). Fue hace 10 años que se estrenó Amores Perros de Alejandro González Iñárritu. La película detonó de inmediato opiniones encontradas, incluso algunas de ellas encumbraban al director mexicano como el nuevo exponente del postmodernismo en el séptimo arte, otras más aseguraban que era un refrito del estilo fragmentado y de forma de rompecabezas de Tarantino, sazonado con una gran fotografía y de fondo una terrible ciudad de México. Otros más sólo fuimos espectadores de una de las mejores películas mexicanas de la última década. Y sólo eso, espectadores. En aquel entonces la narrativa era fresca, llena de fuerza, con una edición endiablada. Este es el verdadero logro de Iñárritu. Amores Perros es una película cruel. No tanto por el sufrimiento de los perros que participaron en el film, sino por el destino de sus personajes que sobreviven a un purgatorio urbano. Una película sucia y bella, como el mismo DF, que está plagada del cine de culto de todos los tiempos, con homenajes, guiños, trucos en el guión y tan humana como un error de ortografía en una carta de desamor. En esta historia los protagonistas viven y en algunos casos mueren, como perros. Es el relato a carne viva de las historias perdidas en las calles color gris asfalto de toda megaurbe. En la ópera prima de González Iñárritu las tres historias que conforman este cuadro hiperreal del Distrito Federal contemporáneo creado por la pluma de Guillermo Arriaga, están tan bien nutridas por las actuaciones, que era necesario realzar también la dirección con tripas de un debutante `Negro´, como le dicen sus cuates. La apuesta de él siempre ha sido la construcción y el reconocimiento a su narrativa y tal parece que 10 años y 3 películas después lo logró. Reconocido en Cannes como mejor director, y aplaudido en cuanto festival de cine se pare, Iñárritu ha logrado que la crítica y el mercado lo tomen en cuenta. Tanto él como director y Arriaga como guionista, nos han llevado a lugares oscuros del alma humana. Desde la vida en la óptica de un desahuciado, hasta la esperanza que representa el embarazo de una exadicta a la cocaína, echando un vistazo también a un mundo que entre más herramientas tiene para comunicarse, más ausente esta el calor de las relaciones humanas.
En su última película ( de la que espero platicarle pronto) Iñárritu nuevamente vuelve a los azotes, al dolor, a la búsqueda de la redención. No estoy seguro si lo que busca es dejar un registro de las angustias de la humanidad frente a la modernidad y la globalización o es un director que no tiene más que hacer que repetir la receta en cada uno de sus filmes y esperar con ello la cosecha de lo que siembra en cada una de sus pelis: la semilla que brote en premios y palmas de la crítica. De que es un maestro, lo es, de eso no hay duda. Lo que nos cansa de su filmografía es precisamente eso, el eterno discurso del dolor del hombre moderno. Ojalá Biutiful, sea la última fotografía grotesca del collage para nosotros los azotados, señor Iñárritu. Dicen que la vida es bella.

viernes, 9 de julio de 2010

Historia de juguetes


Emmanuel Mtz Zamorano

En 1955 una joven mujer decide tener su hijo producto de una relación no tan seria con un chico extranjero en California. Al niño lo deja en un orfanato. Meses después una pareja que no podía tener hijos recibe una llamada:

-Tenemos a un niño no deseado, ¿lo quieren?

-Mmm nosotros queremos una niña.

-Entonces su petición de adopción puede tardar más.

-Esta bien, lo aceptamos.

Los padres adoptivos del chamaco, son de clase media baja. El padre es electricista. Dieciocho años después asistió seis meses a la universidad, misma que tuvo que dejar por falta de lana. El chico se dio cuenta que estaba gastando los ahorros para el retiro de sus papás. Aunque permaneció como oyente un año y medio en las clases que más le interesaban para después abandonar la escuela por completo y buscar chamba. A los 20 años forma su empresa con un cuate en la cochera de su casa. Su visión era crear una computadora que todo el mundo pudiera usar: Sencilla, robusta y amigable. Casi diez años más tarde su empresa comienza a cotizar en la bolsa y tiene cerca de 4 mil empleados. El sueño que tenía como estación una cochera californiana fue llamada Apple y el nombre del muchacho es Steve Jobs.

Las cosas no comienzan a salir bien cuando los accionistas de esa empresa creen que el muchacho está tomando muchos riesgos en la dirección general. A los 30 años de edad lo despiden. Lo corren de la empresa que él mismo creo. Así que decide fundar con la lana que logró hacer otras 2 empresas. La primera es una que hacía software y la segunda una pequeña fabrica de animación por computadora. Su nombre es Pixar. En 1995 esa empresa sorprende al mundo al realizar la primer película generada cien por ciento por computadora: Toy Story. La cinta rápidamente se posiciona como un éxito y un clásico del cine. Un par de años más tarde Steve Jobs, regresa a la empresa que fundó, compra una gran parte de las acciones, dirige una de las más grandes revoluciones tecnológicas de la historia y cambia la forma de escuchar música ya que introduce al mercado el Ipod.

Después de casi 15 años llega la tercer parte de esta odisea digital. Algunas personas dicen que las segundas, terceras o cuartas partes son malas, muy malas. Toy Story 3 es una buena excepción para quebrantar esa regla. Lo digo en serio. Todos sabemos la historia de esos juguetes. La pequeña existencia de un vaquero de plástico y un astronauta de juguete hecho en Taiwán. La historia de un niño que nos transporta a la infancia de las últimas generaciones. Esa dónde nos muestra en parábola moderna la importancia de la amistad, aún en medio de las grandes diferencias, ya sean de plástico o de carne y hueso.

Esta vez Andy, el chamaco que era dueño de los muñecos en las entregas pasadas, se va a la universidad y por lo tanto la pequeña existencia de los juguetes tienen un giro al ser regalados a otros niños. Es una película para niños que disfrutan los padres o todos aquellos que en alguna etapa de su infancia contaron con un pedacito de plástico que se convirtió en su mejor amigo, o al menos en mi caso, en la única posesión que un niño de 6 años puede tener.

¿Quién iba a pensar que las hazañas de ese niño huérfano de California podrían repercutir en mi tranquila butaca y ser un oasis en mi ajetreada vida?

9 julio 2010

viernes, 18 de junio de 2010

El llanto de la mariposa


Emmanuel Mtz Zamorano


Imagine un mundo donde de repente las cosas que a usted más le gusta hacer le sean privadas, no las pueda realizar. Imagínelo, inténtelo. Un ejemplo sencillo del ejercicio sería estar escuchando música y de repente taparse los oídos; otro ejemplo sería que mientras usted está viendo una exposición fotográfica se fuera la luz; o que mientras usted degusta una grasosamente rica torta alguien se la arrebate, la tire. Vamos, intente. Busque dentro de si ese placer, esa actividad que tanto le gusta y trate de visualizar la ruptura abrupta de esa acción por agentes externos a su voluntad. Ahora prepárese para la segunda parte del ejercicio: recibir la noticia de que nunca más podrá volver a realizar eso que tanto le gusta hacer. Triste, ¿no lo cree?

Precisamente esa comparación es la que nos brinda Jean Dominique Bauby en su libro autobiográfico La escafandra y la mariposa. El autor, quien fuera el editor de la revista Elle en Francia, de un momento a otro, víctima de un infarto cerebral, quedó en coma. Esto le trajo como consecuencia el no poder mover ni un solo dedo al despertar. El hombre no puede mover ninguna extremidad, no puede comer, ni hablar, no puede hacer nada por si mismo, a excepción de un parpadeo de su ojo izquierdo. A partir de ese momento la única libertad de la que goza es la de su imaginación, ya que sus facultades mentales resultaron intactas. Así, através de terapia, se atreve a dictar con el parpadear lo que constituye un libro (Le Scaphandre et la Papillon) sobre la terrible realidad a la que tuvo que enfrentarse literalmente en un abrir y cerrar de ojos.

La película El llanto de la Mariposa, es un bello discurso sobre la libertad del ser humano y es precisamente el punto medular del relato de Jean-Do (Mathieu Amalric) donde nos transmite a través de sus pensamientos, su buen sentido del humor, su nostalgia y melancolía. Pese a su casi nula movilidad de, se esfuerza por comunicarse, por dar a conocer a los demás que lo que hace libre al hombre es el hecho de que no existe nada ni nadie en el mundo que nos pueda arrebatar los pensamientos y la imaginación, ya que con estos elementos podemos ir a donde queramos inmersos en nuestro universo.

Julian Schnabel, director de la cinta, nos facilita el ejercicio al brindarnos una mirada al mundo que describe Jean-Do, através de la cámara subjetiva de la perspectiva del ojo izquierdo del protagonista que no se cansa de ver y de una voz en off de sus pensamientos que no se rinde de comunicar, todo esto en un verdadero poema visual.

La escafandra es aquel traje antiguo de buzos, con casco redondo perfectamente cerrado y un cristal frente a la cara y un orificio que permite el paso del aire a través de tubos, este traje es extremadamente pesado y por tal razón el buzo en algún momento podía sentirse en un encierro asfixiante, tal vez claustrofobia, miedo, angustia, sin poder comunicarse con nadie, sentir soledad. Por eso la comparación del autor al sentirse preso de su propio cuerpo. Lo que resta es ver el hermoso testimonio de libertad de un hombre al que le crecieron las alas en su imaginación.

Martes 6 de Marzo 2010

9:30 pm.

Voy manejando por la principal avenida de la ciudad y durante todo el trayecto a casa no he visto más de una docena de carros. No hay transporte público, no hay comercios abiertos. El panorama es abrumador, casi apocalíptico. El miedo de ser victima de un enfrentamiento armado ha hecho efecto en las calles. Eso es triste, el pensar que la sociedad se ha convertido en víctima de sus propios miedos y demonios. Triste, al ver que uno de nuestro pequeños placeres como es el cine también esté cerrado.

Al llegar a casa no quedó otra cosa que volver a ver esta película y comenzar a escribir sobre la libertad.

viernes, 23 de abril de 2010

LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE SCORSESE.



-¿A qué le tienes miedo?- me preguntó una prima mía que estudiaba psicología.
Después de haber pensado y mirado por debajo de la cama donde viven mis miedos contesté:
-A quedarme solo nadando en altamar y pensar que un tiburón me pueda morder.
Inmediatamente mi prima se paró del sillón en que estaba sentada leyendo, sonrió y dijo:
-Estás más loco de lo que pensaba.
Así terminó mi psicoanálisis. Pero por más tonto que parezca mi miedo es verdad. Tengo un terrible temor a enfrentar la inmensidad de alta mar y pensar que debajo de mi hay cientos de seres capaces de tirarme una mordida. Tonto, lo sé, pero una vez escuché que en cuanto a fobias no hay caso descabellado, no hay temor que por absurdo que sea no pueda ser clasificado y posible. Lo difícil es enfrentar esos miedos, nuestros demonios, nuestros monstruos bajo la cama. Y quién lo hace, mis respetos.
Dentro de los directores que me atormentan, aquellos por los cuales no puedo dormir por ver sus películas una y otra vez hasta aprenderme los diálogos, Martin Scorsese ocupa un lugar especial en la lista. El neoyorkino en su nueva película, La isla siniestra, nos brinda un tratado de sus miedos y obsesiones plasmados con gran talento en el personaje principal de este thriller psicológico, su actor fetiche y cómplice en los últimos proyectos: Leonardo Dicaprio. A pesar de que el libreto de esta película está basado en la novela homónima de Dennis Lehane (escritor también de la novela Río Místico, llevada a la pantalla grande por Eastwood) el filme tiene su propia prosa, su prodigioso ritmo, la arquitectura cinematográfica de uno de los maestros del cine contemporáneo. Scorsese exprime bien la historia de misterio de Lehane, desarrollada en el interior de un tétrico reclusorio psiquiátrico, que alberga a peligrosos enfermos mentales culpables de crueles asesinatos, pero sobre todo aprovecha el discurso para volver a hablar de los demonios del hombre, haciendo uso de atmósferas húmedas y paisajes oscuros y perturbadores, pero sobre todo de tormentas mentales. Vuelve a hablar de la culpa y la redención, de los pecados que manchan y castigan al hombre. Bajo el estilo de thiller, y contagiado de lo mejor del cine negro, el buen Martin nos cuenta la historia de un Detective de la década de los cincuentas que llega a un hospital psiquiátrico situado en una isla, para resolver el caso de la posible fuga de una interna que asesino a sus 3 hijos. La trama se va tejiendo conforme nos metemos a la mente y la reconstrucción onírica de la terrible realidad del detective Teddy Daniels (Dicaprio). Nosotros como espectadores nos tenemos que dejar llevar por el barco de Scorsese hacia ese lugar de recuerdos, pesadillas y oscuridad. El director reconoce sus fobias y las plasma. ¿A quién no le da miedo las ratas, la oscuridad y las tormentas?

viernes, 26 de marzo de 2010

Preciosa


Tengo un amigo cinéfilo que por más que pretendo llegar a un punto en común respecto a la crítica de alguna película, resulta que terminamos tan discrepantes y alejados como Nueva York de Tokio, o el color negro del blanco. No sé si sea porque yo no logro captar todo lo que nos quiso decir el realizador y mi cuate sea bien trucha, o de plano yo tenga que poner menos atención en lo que estoy comiendo mientras veo la película. Pero la apreciación es cosa de cada quien. El ver las cosas con distintas ópticas y de distintos puntos de vista siempre enriquece y sobre todo en lo referente al arte.

Nosotros como espectadores nos podemos dividir en varios bandos: en los que lloran como magdalena, los que piensan que están jugando con su inteligencia y otros más que simplemente la proyección les aburrió.

En el caso de Precious, la última película del director Lee Daniels y que ha sido el film independiente más premiado del año 2009, uno tiene que tomar uno de estos bandos. El título de la película procede del nombre de la protagonista, Claireece Precious Jones (una debutante y extraordinaria Gabourey Sidibe), es una película que pretende, con tintes Indie, mostrar una realidad atroz en los barrios negros del Nueva York de finales de los 80´s.

Precious tiene 16 años, es negra, muy obesa, analfabeta, fea, su madre la maltrata verbal y físicamente, además la expulsan de la escuela por quedar embarazada de su segundo hijo ya que es madre de una pequeña con síndrome de Down producto de las violaciones de su padre.

Con semejante drama no es difícil predecir la identificación del espectador con el personaje (es casi seguro que usted al verla diga: Pobre gordita). Sin embargo se vale darle la oportunidad al director que nos cuente esta historia, sabiendo aún que las cosas van a mejorar y que no todo está perdido.

La protagonista, insegura en sí misma por su aspecto físico y todavía más por el trato recibido, es enviada a una institución de educación alternativa para casos extremos, allí conoce el afecto entre sus compañeras y sobre todo a su profesora, esta última la persona que más le apoyará, demostrándole que existe el verdadero amor. Precious comenzará a salir del fango, se inicia en el arte de escribir poemas, se enfrenta al maltrato de su madre y además de exigir que la respeten, ella aprende a respetarse a sí misma.

La lente de Daniels es certera, y logra que espectador llore de tristeza y de alegría, lo que ocasiona que salga del cine con un buen sabor de boca. Sobre todo al poder plasmar en la pantalla el gran contraste de la fantasía, al estilo Disney , de una joven afroamericana y la tormentosa realidad que la formó.

Tal vez del bando de los piensan que están jugando con su inteligencia digan que estamos ante la lágrima fácil, y que el director, comercialmente, nos da lo que vamos pidiendo, ya que el camino de Precious alcanza a ver la luz.

Mientras tanto el otro bando, el de nosotros los llorones, podemos decir que estamos ante la mejor peli que hemos visto en lo que va del año.

Véala, el cine no empacha.

miércoles, 24 de marzo de 2010

The Hurt Locker o Zona de Miedo

“The rush of battle is a potent and often lethal addiction, for war is a drug”

Chris Hedges, Corresponsal de guerra.

Me gusta mucho el buen cine bélico, es una fascinación que he tenido desde niño. Y el responsable (o irresponsable) de eso es mi padre. A principios de los noventas comenzó la moda de la renta por catálogo en la ciudad donde vivíamos, así que como buenos ciudadanos promedio mis padres sacaron su credencial para poder rentar las películas en formato beta (si hay menores de 25 años leyendo esto, busquen en Internet que es ese formato) y así, de la manera más novedosa, poder ver las pelis en casa que hace un par de meses estaban sólo en las salas de cine. El catálogo del “Multivideo” comenzó a crecer gracias a la popularidad de la nueva forma de entretenimiento. Mi padre nos llevaba cada jueves a rentar, casi siempre él se quedaba estancado en el apartado de películas bélicas o de acción. Así que a la edad de 10 años ya había visto El Puente sobre el Río Kwai, El día más largo, Patton, Francotirador, Gallípoli, Full Metal Jacket, De aquí a la eternidad, Pelotón y la máxima de todas ellas: Apocalipsis Now, en su versión de 2 horas y media, misma que ví sin dormirme. La guerra retratada en el cine de aquellos años me acompañó hasta bien entrado en la adolescencia.

De ahí mi respeto y admiración por ese tipo de películas. Sin embargo crecemos y cambiamos, pero queda en nosotros el germen de toda esa información fílmica almacenada en nuestra memoria. Así que debo reconocer que aún me emociona entrar al cine a ver una bélica. Con The Hurt Locker o Zona de miedo sucedió lo mismo pero salí con el reiterado argumento para no volver a ver en mucho tiempo una película de guerra, o por lo menos una película de guerra americana. Y es que una vez más los gringos quieren justificar su estancia y la invasión de sus tropas en territorio “hostil y propenso a ser cuna de terrorismo”. Nuevamente quieren hacer creer al mundo que ellos velan por los derechos de los civiles de esos países que apenas comienzan a caminar en la democracia. Para eso se valen de recursos mediáticos como la entrega de los premios Oscar que otorga la academia de cinematografía americana con marcados tintes políticos. El uso del cine como mecanismo mediático para la aprobación de un pueblo para ir a la guerra, es un recurso muy viejo, el mismo Hitler lo uso durante su tiempo en el poder y como laboratorio de creación de héroes en el pueblo alemán mientras toda Europa era devastada por las armas nazis. De hecho, Tarantino hace burla de ello con un humor negrísimo en sus Bastardos Sin Gloria.

Lo admito, ví The Hurt Locker por puro morbo como resultado de tanto chisme y la cantidad de premios que recibió antes de la esperada noche de los Oscar y como se fue perfilando a ser una de las favoritas para esa noche, esto después de tener un par de meses de haber salido de la cartelera americana. La historia se desarrolla meses después de la invasión a Iraq en 2004, el sargento de primera clase William James (Jeremy Renner) se convierte en el líder de una unidad antibombas con la compañía Bravo del Ejército americano, reemplazando al sargento en jefe Matt Thompson, quién murió a causa de la explosión de una bomba de la resistencia en Bagdad. James se integró con el sargento J.T. Sanborn y el especialista Owen Eldridge, cuya labor es la de comunicarse y cubrirle la espalda al líder de la unidad mientras este examina los artefactos explosivos. James es un experto en bombas y un irresponsable y adicto a la adrenalina que pone en riesgo su vida y la de su unidad con acciones precipitadas. Durante toda la cinta somos literalmente bombardeados por situaciones que aumentan el suspenso a niveles que cansan.

Zona de miedo no es una película de critica a las políticas bélicas de los americanos. No es tampoco una reconstrucción de la realidad de los soldados en Irak, aunque hay que reconocer el excelente trabajo de su realizadora Kathryn Bigelow en la atinada dirección de fotografía (por Barry Ackroyd de United 93) y la utilización de un estilo que emula el documental pero con toques refinados de planos totalizadores y subjetivos, mismos que en conjunto nos dan un acercamiento a lo que son las “tripas” de lo que algunos americanos han llamado su droga: La guerra.

Entonces al llegar a casa preferí poner música, comer algo ligero y llamar para saludar a mi padre.

lunes, 22 de marzo de 2010

La Naranja Mecánica


El panorama es desolador en la nuestra frontera tamaulipeca. La violencia parece no tener limite. ¿Será la violencia un elemento principal en el comportamiento del ser humano, o será una muestra de la sofisticación en los mecanismos del hombre en sociedad? ¿Hay algún detonante en el mundo en el que somos recibidos que nos amamante hasta ser violentos? ¿Todo ser humano nace con el germen de la maldad? Ante estas preguntas parece ser que Kubrick tenía algunas respuestas, o no solo respuestas, sino tratados completos de la conducta del ser humano plasmados en obras maestras de cine. En La Naranja Mecánica, Stanley Kubrick muestra una supuesta sociedad futura extrapolada a las utopías de aquellos años y sobre todo, la utilización de los grandes recursos que los medios de comunicación brindaban a los órganos de poder como herramientas y ejecutantes del adoctrinamiento de las masas a través de mensajes cargados de la ideología del sistema político en turno. Dublín se convierte en el laboratorio en el cual el cineasta experimenta con las estructuras y las teorías conductistas muy de moda en la década en la que vio su estreno: Los 70. Basada en la novela homónima de Anthony Burgess, La Naranja Mecánica es la historia contada en primera persona de Alex DeLarge, un joven sediento de violencia , un amante de Beethoven, del sexo, y líder de una banda de "drogos" (la visión futurista de una pandilla de adictos a una droga sintética que se toma con leche), y todo el largo camino de su re-incorporación a la sociedad, después de ser encarcelado y además al ser el conejillo de indias de un supuesto nuevo método de reintegración de los delincuentes a la sociedad, llamado tratamiento Ludovico, basado en brindarle al interno una sobredosis de violencia visual y drogas que le causan dolor al recibir el estimulo multimedia y como resultado de la terapia impartida por el Estado. Alex asimila que ha cambiado y que será útil en la sociedad de la cual hace tiempo renegaba de sus leyes y moral.

Hablar de la Naranja Mecánica como discurso cinematográfico es igualmente de rico, pero a la vez denso, que el discurso sociológico que lanza.

El tratamiento Ludovico (la terapia utilizada para convertir el ser violento de Alex a un ser tranquilo y socialmente adaptado) se caracteriza por el estímulo al que se le somete con los interminables vídeos de violencia y sexo. Como el se identifica viéndolos se le castiga obligándole a verlos sin poder siquiera pestañear, ni moverse durante sesiones maratónicas, utilizando herramientas de tortura como sujetadores de párpados, humectantes y drogas, para inhibir sus conductas violentas. La eficacia depende de la intensidad, la constancia y ritmo metódico entre respuesta y castigo. El resultado es un Alex amansado, un hombre que de ser victimarío se convirtió en victima del poder y de los artefactos del mismo en su intento interminable de la concepción de una sociedad utópica. ¿Será acaso que en nuestro país los niveles de violencia expuestos por los medios nos obliguen a ser distintos, ser más violentos o estúpidamente insensibles a la misma? ¿Tendremos Todos un Alex DeLage en nuestro interior?

Señor Kubrick usted lo sabia todo.

Marzo 12 del 2010