lunes, 25 de abril de 2011
Algo de Serie B
sábado, 9 de abril de 2011
Rango: Cuando las palomitas dan sed.
sábado, 26 de marzo de 2011
127 horas
Desde niño las historias de sobrevivencia eran contadas por mi padre en las noches en la que la tormenta interrumpía el suministro de luz eléctrica. Entonces las historias de coraje, valentía venían a colación. Mi padre me contaba los reportajes que leía en la revista Selecciones: Los sobrevivientes de los Andes; una turista de crucero que queda a la deriva y nada por 3 días; los rescatistas del sismo del 85, el ciclista que después de tener cáncer de testículos vuelve a ganar el Tour de Francia. Cada de una de estas historias tenían el común denominador del poder de la voluntad del espíritu humano. Yo simplemente oía, imaginaba. Los límites del hombre son incalculables. La ciencia dice una cosa, la voluntad quebranta todo.
127 horas, es la última película de Danny Boyle, el incomprendidamente multipremiado director por Quisiera ser millonario, en ella vuelve hacer uso de un estilo con artificios y pirotecnia cinematográfica para contarnos una historia moderna de sobrevivencia. Aquella de un chavo gringo que le gusta los deportes extremos y que se lanza a la aventura para recorrer parte del desierto de Utah. En ese viaje queda atrapado al caer de un cañón y sobre su mano cae una enorme piedra que le hace imposible su escape. La línea argumental es precisamente el transcurso de 127 horas atrapado y las vicisitudes para poder salir vivo de ese lugar. Cinco días atrapado, sin agua y alimentos. La única forma es cortarse la mano y caminar hasta que alguien lo encuentre y le ayude. Esa es la historia. El morbo al asistir a la sala es saber si se verá como se corta la mano en una secuencia casi al estilo gore de los ochentas.
El noveno largometraje en la carrera de Boyle es una producción muy cuidada, con una excelente fotografía, un acompañamiento musical bueno y sobre todo una inspirada interpretación de James Franco, que hace soportable los más de noventa minutos que dura esta recreación de un caso real. La película en general está construida para impactar, para mover las tripas, para que se sepa que nada puede contra el instinto de sobrevivencia del hombre. La verdad no sé si sobrevaloraron ( nuevamente) el trabajo de Boyle, ni que sea lo peor de su carrera, pero lo que si sé, y se agradece, es que ese director inglés me hizo recordar las historias contadas por mi padre sobre los superhombres que sangran, que sienten y que superan todo limite. Eso vale la pena. Que los clavados del cine hablen mal de ella. Usted véala y cuéntela en el apartado de "Historias extraordinarias de sobrevivencia".
jueves, 24 de febrero de 2011
Una de vaqueros
domingo, 9 de enero de 2011
Tiempo de villanos
jueves, 16 de diciembre de 2010
Con "F" de Famoso
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Palomitas por favor
viernes, 19 de noviembre de 2010
De tripas corazón

miércoles, 3 de noviembre de 2010
Google y El Escritor Fantasma

Se supone que la tecnología debe de hacer más fácil la vida de las personas. Una ama de casa puede cocinar más rápido y más sencillo con los nuevos utensilios de línea blanca como un horno de microondas, un estudiantes hace (o debería hacer) la tarea más rápido y por lo tanto aprenderá más en menos tiempo, un carpintero producirá un mueble más rápido con las nuevas herramientas que cuando solamente contaba con serrucho, un martillo y clavos. La tecnología avanza y hace más fácil la tarea de nosotros los flojos humanos. Pero hay gente muy poderosa que en pleno 2010 (año en que algunas películas ochentenas ya profetizaban autos voladores) no saben utilizar la computadora ni para escribir lo que piensan. Así es, gente capaz de comprar ciudades enteras y declarar guerras entre países no son capaces siquiera de jugar solitario en una compu. Cosas de la actualidad, dicen ellos. Barack Obama la sabe usar y eso fue una de las claves para que el primer presidente negro llegara a la Casa Blanca. A lo que me refiero es que no es la falta de educación la responsable de la brecha tecnológica en algunas generaciones antes de los niños del Nintendo, sino que hay gente mayor que en verdad le importa un comino la tecnología si tienen el poder de que otras personas hagan ese trabajo por ellas. Eso es más eficiente que lo último en la tecnología.
Uno de los maestros del cine mundial, Roman Polanski, regresa a los cines con El Escritor Fantasma. El título del filme hace referencia a la actividad que el protagonista (Ewan McGregor) desempeña: un escritor que en base a entrevistas recopila datos de algún personaje, los convierte en una autobiografía sin recibir crédito alguno. Este escritor es contratado para terminar las memorias del ex primer ministro inglés Adam Lang (Pierce Brosnan) luego de que el cuerpo del primer encargado de realizar esta tarea fuera encontrado muerto en una fría playa de los Estados Unidos. Para ello el escritor se muda al lugar donde vive el político inglés y tiene que escribir en su casa y bajo vigilancia. El nuevo ‘fantasma' duda de la versión oficial que explica la muerte de su antecesor como un accidente o suicidio. Las acusaciones que caen sobre Lang de haber cometido crímenes de guerra durante su lucha contra el terrorismo incrementarán sus sospechas de que el político tiene un oscuro pasado por revelar. Ahí empieza el thriller. Y ahí es donde entra la tecnología. Por medio de Google y un GPS, el “chicho” de McGregor encuentra que efectivamente el ex primer ministro ha tenido vínculos con agentes de la CIA y empresas que financian las últimas guerras en el medio oriente. El escritor comienza su búsqueda de la verdad sabiendo que nada de lo que encuentre se publicará y que en todo momento corre el peligro de ser asesinado y tirado en alguna playa fria de EU.
Polanski regresa para el bien del cine. La maestría en la cámara se nota. Su ritmo nos entretiene, nos pone a pensar. Logra crear la atmósfera necesaria para un trhiller político certero y fino. En la película se encuentran semejanzas a la realidad, ya que en algunas partes aparecen referencias directas a Tony Blair el ex primer ministro acusado de intervenir en una guerra que los gringos comenzaron. El único problema del argumento sea que toda una investigación que involucra un negocio de miles de millones de dólares y otros miles en costos de vidas humanas sea capaz de ser revelada a través de la búsqueda en de la información en internet. ¿Será que los poderosos desconozcan hasta donde puede llegar ese poderoso “Voy a tener suerte” de Google?
sábado, 30 de octubre de 2010
Personajes inolvidables

Probablemente sea en los actores donde recaiga la gran responsabilidad de hacer real, palpables, las historias que un guionista y director hayan imaginado. En sus hombros está el peso dramático, la fuerza, la entonación; su voz, sus actos y gestos construyen o destruyen la obra de todos los que participan en el rodaje. De ahí que los directores tengan que dedicar gran tiempo para la selección y valoración del talento actoral para su nueva peli. Créame que es un gran y desgastante trabajo. El director debe de tener en claro la secuencia o la escena cumbre de su historia para situar al actor que está viendo en el casting y poder tomar la decisión de si esa persona será el ser humano que rentará su cuerpo para que otra persona encarne en él. Para que otras vidas se cuenten. No pocos directores alguna vez hablan de esta tarea tan importante a la hora de emprender una nueva obra cinematográfica. Podemos recordar algunos: Bertolucci, Fellini, Kusturica, Coppola, Kubrick, Lucas, Allen, Scorserse, Kar Wai, Kurosawa. De la mano de ellos hemos conocido a personalidades tan profundamente complejas como, Jack Torrance en El Resplandor, o a un tal Paul en El Último tango en París; o a un galáctico Luke Skywalker, o algún taxista asesino llamado Travis Bickle. Los personajes no tienen limites, crecen en un universo alterno, inventado o recreado. Son los actores que después de su interpretación muchas veces son consumidos por el personaje que encarnaron y difícilmente serán recordados por algún otro trabajo. A poco, no le es difícil imaginar un Anthony Hopkins sin relacionarlo con un asesino serial comesesos; o a un vampiro sin la capa y cara pálida de Bela Lugosi. No fue fácil creerle a Mel Gibson que durante tres películas fue un policía carismático en Arma Mortal, convertirse en un libertador irlandés en Corazón Salvaje. Los personajes causa en nosotros empatía, odio, repulsión, miedo. De ahí es donde nosotros seleccionamos a nuestros héroes favoritos, o nuestros villanos preferidos. Algunas veces es el personaje el que saca a flote a las pelis y le dan el valor a nuestros pesos gastados en las salas del cine. El personaje es la conjugación perfecta del talento de tres personas: el escritor, el director y el propio actor.
Sería bueno hacer un ejercicio de los mejores personajes del cine nacional. Hay que intentarlo. Tal vez unos podrán decir que es una tarea de flojera, pero dentro de la lista probablemente brinquen nombres como Pepe El Toro de Pedro Infante, el infinito Cantiflas, la dupla de Viruta y Capulina, la mujer fatal de María Félix, incluso a los Almada. Inténtelo. Recuerde cuál ha sido el último personaje que valga la pena en el cine nacional. Desgraciadamente los personajes se recortan y los nombres se repiten en Bichir, García Bernal, Luna, Alcazar, Talancón, De la Reguera, etc.
En El Infierno de Luis Estrada, la construcción de los personajes podrían caer en el esteriotipo, llenos de clichés y de características recurrentes en la filmografía nacional y en la del mismo Estrada. Sin embargo, eso es precisamente lo que busca el realizador. La similitud de los modelos satíricos en la realidad de la sociedad mexicana de hoy en día conmociona. Los personajes de la película potencializan la semejanza de la que hoy es la realidad de México como si fuera una terrible caricatura. El Cochiloco, interpretado por un magistral Joaquín Cosío es un demonio entrañable, un asesino que de alguna forma nos llega a caer bien su personalidad, misma que se desdibuja por lo atroz que resulta. Probablemente sea el mejor personaje del cine mexicano de la última década.
Emmanuel Mtz Zamorano
miércoles, 20 de octubre de 2010
La vida es biutiful, amigo Inárritu

viernes, 9 de julio de 2010
Historia de juguetes
Emmanuel Mtz Zamorano
En 1955 una joven mujer decide tener su hijo producto de una relación no tan seria con un chico extranjero en California. Al niño lo deja en un orfanato. Meses después una pareja que no podía tener hijos recibe una llamada:
-Tenemos a un niño no deseado, ¿lo quieren?
-Mmm nosotros queremos una niña.
-Entonces su petición de adopción puede tardar más.
-Esta bien, lo aceptamos.
Los padres adoptivos del chamaco, son de clase media baja. El padre es electricista. Dieciocho años después asistió seis meses a la universidad, misma que tuvo que dejar por falta de lana. El chico se dio cuenta que estaba gastando los ahorros para el retiro de sus papás. Aunque permaneció como oyente un año y medio en las clases que más le interesaban para después abandonar la escuela por completo y buscar chamba. A los 20 años forma su empresa con un cuate en la cochera de su casa. Su visión era crear una computadora que todo el mundo pudiera usar: Sencilla, robusta y amigable. Casi diez años más tarde su empresa comienza a cotizar en la bolsa y tiene cerca de 4 mil empleados. El sueño que tenía como estación una cochera californiana fue llamada Apple y el nombre del muchacho es Steve Jobs.
Las cosas no comienzan a salir bien cuando los accionistas de esa empresa creen que el muchacho está tomando muchos riesgos en la dirección general. A los 30 años de edad lo despiden. Lo corren de la empresa que él mismo creo. Así que decide fundar con la lana que logró hacer otras 2 empresas. La primera es una que hacía software y la segunda una pequeña fabrica de animación por computadora. Su nombre es Pixar. En 1995 esa empresa sorprende al mundo al realizar la primer película generada cien por ciento por computadora: Toy Story. La cinta rápidamente se posiciona como un éxito y un clásico del cine. Un par de años más tarde Steve Jobs, regresa a la empresa que fundó, compra una gran parte de las acciones, dirige una de las más grandes revoluciones tecnológicas de la historia y cambia la forma de escuchar música ya que introduce al mercado el Ipod.
Después de casi 15 años llega la tercer parte de esta odisea digital. Algunas personas dicen que las segundas, terceras o cuartas partes son malas, muy malas. Toy Story 3 es una buena excepción para quebrantar esa regla. Lo digo en serio. Todos sabemos la historia de esos juguetes. La pequeña existencia de un vaquero de plástico y un astronauta de juguete hecho en Taiwán. La historia de un niño que nos transporta a la infancia de las últimas generaciones. Esa dónde nos muestra en parábola moderna la importancia de la amistad, aún en medio de las grandes diferencias, ya sean de plástico o de carne y hueso.
Esta vez Andy, el chamaco que era dueño de los muñecos en las entregas pasadas, se va a la universidad y por lo tanto la pequeña existencia de los juguetes tienen un giro al ser regalados a otros niños. Es una película para niños que disfrutan los padres o todos aquellos que en alguna etapa de su infancia contaron con un pedacito de plástico que se convirtió en su mejor amigo, o al menos en mi caso, en la única posesión que un niño de 6 años puede tener.
¿Quién iba a pensar que las hazañas de ese niño huérfano de California podrían repercutir en mi tranquila butaca y ser un oasis en mi ajetreada vida?
9 julio 2010viernes, 18 de junio de 2010
El llanto de la mariposa

Emmanuel Mtz Zamorano
Imagine un mundo donde de repente las cosas que a usted más le gusta hacer le sean privadas, no las pueda realizar. Imagínelo, inténtelo. Un ejemplo sencillo del ejercicio sería estar escuchando música y de repente taparse los oídos; otro ejemplo sería que mientras usted está viendo una exposición fotográfica se fuera la luz; o que mientras usted degusta una grasosamente rica torta alguien se la arrebate, la tire. Vamos, intente. Busque dentro de si ese placer, esa actividad que tanto le gusta y trate de visualizar la ruptura abrupta de esa acción por agentes externos a su voluntad. Ahora prepárese para la segunda parte del ejercicio: recibir la noticia de que nunca más podrá volver a realizar eso que tanto le gusta hacer. Triste, ¿no lo cree?
Precisamente esa comparación es la que nos brinda Jean Dominique Bauby en su libro autobiográfico La escafandra y la mariposa. El autor, quien fuera el editor de la revista Elle en Francia, de un momento a otro, víctima de un infarto cerebral, quedó en coma. Esto le trajo como consecuencia el no poder mover ni un solo dedo al despertar. El hombre no puede mover ninguna extremidad, no puede comer, ni hablar, no puede hacer nada por si mismo, a excepción de un parpadeo de su ojo izquierdo. A partir de ese momento la única libertad de la que goza es la de su imaginación, ya que sus facultades mentales resultaron intactas. Así, através de terapia, se atreve a dictar con el parpadear lo que constituye un libro (Le Scaphandre et la Papillon) sobre la terrible realidad a la que tuvo que enfrentarse literalmente en un abrir y cerrar de ojos.
La película El llanto de la Mariposa, es un bello discurso sobre la libertad del ser humano y es precisamente el punto medular del relato de Jean-Do (Mathieu Amalric) donde nos transmite a través de sus pensamientos, su buen sentido del humor, su nostalgia y melancolía. Pese a su casi nula movilidad de, se esfuerza por comunicarse, por dar a conocer a los demás que lo que hace libre al hombre es el hecho de que no existe nada ni nadie en el mundo que nos pueda arrebatar los pensamientos y la imaginación, ya que con estos elementos podemos ir a donde queramos inmersos en nuestro universo.
Julian Schnabel, director de la cinta, nos facilita el ejercicio al brindarnos una mirada al mundo que describe Jean-Do, através de la cámara subjetiva de la perspectiva del ojo izquierdo del protagonista que no se cansa de ver y de una voz en off de sus pensamientos que no se rinde de comunicar, todo esto en un verdadero poema visual.
La escafandra es aquel traje antiguo de buzos, con casco redondo perfectamente cerrado y un cristal frente a la cara y un orificio que permite el paso del aire a través de tubos, este traje es extremadamente pesado y por tal razón el buzo en algún momento podía sentirse en un encierro asfixiante, tal vez claustrofobia, miedo, angustia, sin poder comunicarse con nadie, sentir soledad. Por eso la comparación del autor al sentirse preso de su propio cuerpo. Lo que resta es ver el hermoso testimonio de libertad de un hombre al que le crecieron las alas en su imaginación.
Martes 6 de Marzo 2010
9:30 pm.
Voy manejando por la principal avenida de la ciudad y durante todo el trayecto a casa no he visto más de una docena de carros. No hay transporte público, no hay comercios abiertos. El panorama es abrumador, casi apocalíptico. El miedo de ser victima de un enfrentamiento armado ha hecho efecto en las calles. Eso es triste, el pensar que la sociedad se ha convertido en víctima de sus propios miedos y demonios. Triste, al ver que uno de nuestro pequeños placeres como es el cine también esté cerrado.
Al llegar a casa no quedó otra cosa que volver a ver esta película y comenzar a escribir sobre la libertad.
viernes, 23 de abril de 2010
LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE SCORSESE.

viernes, 26 de marzo de 2010
Preciosa

Tengo un amigo cinéfilo que por más que pretendo llegar a un punto en común respecto a la crítica de alguna película, resulta que terminamos tan discrepantes y alejados como Nueva York de Tokio, o el color negro del blanco. No sé si sea porque yo no logro captar todo lo que nos quiso decir el realizador y mi cuate sea bien trucha, o de plano yo tenga que poner menos atención en lo que estoy comiendo mientras veo la película. Pero la apreciación es cosa de cada quien. El ver las cosas con distintas ópticas y de distintos puntos de vista siempre enriquece y sobre todo en lo referente al arte.
Nosotros como espectadores nos podemos dividir en varios bandos: en los que lloran como magdalena, los que piensan que están jugando con su inteligencia y otros más que simplemente la proyección les aburrió.
En el caso de Precious, la última película del director Lee Daniels y que ha sido el film independiente más premiado del año 2009, uno tiene que tomar uno de estos bandos. El título de la película procede del nombre de la protagonista, Claireece Precious Jones (una debutante y extraordinaria Gabourey Sidibe), es una película que pretende, con tintes Indie, mostrar una realidad atroz en los barrios negros del Nueva York de finales de los 80´s.
Precious tiene 16 años, es negra, muy obesa, analfabeta, fea, su madre la maltrata verbal y físicamente, además la expulsan de la escuela por quedar embarazada de su segundo hijo ya que es madre de una pequeña con síndrome de Down producto de las violaciones de su padre.
Con semejante drama no es difícil predecir la identificación del espectador con el personaje (es casi seguro que usted al verla diga: Pobre gordita). Sin embargo se vale darle la oportunidad al director que nos cuente esta historia, sabiendo aún que las cosas van a mejorar y que no todo está perdido.
La protagonista, insegura en sí misma por su aspecto físico y todavía más por el trato recibido, es enviada a una institución de educación alternativa para casos extremos, allí conoce el afecto entre sus compañeras y sobre todo a su profesora, esta última la persona que más le apoyará, demostrándole que existe el verdadero amor. Precious comenzará a salir del fango, se inicia en el arte de escribir poemas, se enfrenta al maltrato de su madre y además de exigir que la respeten, ella aprende a respetarse a sí misma.
La lente de Daniels es certera, y logra que espectador llore de tristeza y de alegría, lo que ocasiona que salga del cine con un buen sabor de boca. Sobre todo al poder plasmar en la pantalla el gran contraste de la fantasía, al estilo Disney , de una joven afroamericana y la tormentosa realidad que la formó.
Tal vez del bando de los piensan que están jugando con su inteligencia digan que estamos ante la lágrima fácil, y que el director, comercialmente, nos da lo que vamos pidiendo, ya que el camino de Precious alcanza a ver la luz.
Mientras tanto el otro bando, el de nosotros los llorones, podemos decir que estamos ante la mejor peli que hemos visto en lo que va del año.
Véala, el cine no empacha.
miércoles, 24 de marzo de 2010
The Hurt Locker o Zona de Miedo
“The rush of battle is a potent and often lethal addiction, for war is a drug”
Chris Hedges, Corresponsal de guerra.
Me gusta mucho el buen cine bélico, es una fascinación que he tenido desde niño. Y el responsable (o irresponsable) de eso es mi padre. A principios de los noventas comenzó la moda de la renta por catálogo en la ciudad donde vivíamos, así que como buenos ciudadanos promedio mis padres sacaron su credencial para poder rentar las películas en formato beta (si hay menores de 25 años leyendo esto, busquen en Internet que es ese formato) y así, de la manera más novedosa, poder ver las pelis en casa que hace un par de meses estaban sólo en las salas de cine. El catálogo del “Multivideo” comenzó a crecer gracias a la popularidad de la nueva forma de entretenimiento. Mi padre nos llevaba cada jueves a rentar, casi siempre él se quedaba estancado en el apartado de películas bélicas o de acción. Así que a la edad de 10 años ya había visto El Puente sobre el Río Kwai, El día más largo, Patton, Francotirador, Gallípoli, Full Metal Jacket, De aquí a la eternidad, Pelotón y la máxima de todas ellas: Apocalipsis Now, en su versión de 2 horas y media, misma que ví sin dormirme. La guerra retratada en el cine de aquellos años me acompañó hasta bien entrado en la adolescencia.
De ahí mi respeto y admiración por ese tipo de películas. Sin embargo crecemos y cambiamos, pero queda en nosotros el germen de toda esa información fílmica almacenada en nuestra memoria. Así que debo reconocer que aún me emociona entrar al cine a ver una bélica. Con The Hurt Locker o Zona de miedo sucedió lo mismo pero salí con el reiterado argumento para no volver a ver en mucho tiempo una película de guerra, o por lo menos una película de guerra americana. Y es que una vez más los gringos quieren justificar su estancia y la invasión de sus tropas en territorio “hostil y propenso a ser cuna de terrorismo”. Nuevamente quieren hacer creer al mundo que ellos velan por los derechos de los civiles de esos países que apenas comienzan a caminar en la democracia. Para eso se valen de recursos mediáticos como la entrega de los premios Oscar que otorga la academia de cinematografía americana con marcados tintes políticos. El uso del cine como mecanismo mediático para la aprobación de un pueblo para ir a la guerra, es un recurso muy viejo, el mismo Hitler lo uso durante su tiempo en el poder y como laboratorio de creación de héroes en el pueblo alemán mientras toda Europa era devastada por las armas nazis. De hecho, Tarantino hace burla de ello con un humor negrísimo en sus Bastardos Sin Gloria.
Lo admito, ví The Hurt Locker por puro morbo como resultado de tanto chisme y la cantidad de premios que recibió antes de la esperada noche de los Oscar y como se fue perfilando a ser una de las favoritas para esa noche, esto después de tener un par de meses de haber salido de la cartelera americana. La historia se desarrolla meses después de la invasión a Iraq en 2004, el sargento de primera clase William James (Jeremy Renner) se convierte en el líder de una unidad antibombas con la compañía Bravo del Ejército americano, reemplazando al sargento en jefe Matt Thompson, quién murió a causa de la explosión de una bomba de la resistencia en Bagdad. James se integró con el sargento J.T. Sanborn y el especialista Owen Eldridge, cuya labor es la de comunicarse y cubrirle la espalda al líder de la unidad mientras este examina los artefactos explosivos. James es un experto en bombas y un irresponsable y adicto a la adrenalina que pone en riesgo su vida y la de su unidad con acciones precipitadas. Durante toda la cinta somos literalmente bombardeados por situaciones que aumentan el suspenso a niveles que cansan.
Zona de miedo no es una película de critica a las políticas bélicas de los americanos. No es tampoco una reconstrucción de la realidad de los soldados en Irak, aunque hay que reconocer el excelente trabajo de su realizadora Kathryn Bigelow en la atinada dirección de fotografía (por Barry Ackroyd de United 93) y la utilización de un estilo que emula el documental pero con toques refinados de planos totalizadores y subjetivos, mismos que en conjunto nos dan un acercamiento a lo que son las “tripas” de lo que algunos americanos han llamado su droga: La guerra.
Entonces al llegar a casa preferí poner música, comer algo ligero y llamar para saludar a mi padre.
lunes, 22 de marzo de 2010
La Naranja Mecánica
El panorama es desolador en la nuestra frontera tamaulipeca. La violencia parece no tener limite. ¿Será la violencia un elemento principal en el comportamiento del ser humano, o será una muestra de la sofisticación en los mecanismos del hombre en sociedad? ¿Hay algún detonante en el mundo en el que somos recibidos que nos amamante hasta ser violentos? ¿Todo ser humano nace con el germen de la maldad? Ante estas preguntas parece ser que Kubrick tenía algunas respuestas, o no solo respuestas, sino tratados completos de la conducta del ser humano plasmados en obras maestras de cine. En La Naranja Mecánica, Stanley Kubrick muestra una supuesta sociedad futura extrapolada a las utopías de aquellos años y sobre todo, la utilización de los grandes recursos que los medios de comunicación brindaban a los órganos de poder como herramientas y ejecutantes del adoctrinamiento de las masas a través de mensajes cargados de la ideología del sistema político en turno. Dublín se convierte en el laboratorio en el cual el cineasta experimenta con las estructuras y las teorías conductistas muy de moda en la década en la que vio su estreno: Los 70. Basada en la novela homónima de Anthony Burgess, La Naranja Mecánica es la historia contada en primera persona de Alex DeLarge, un joven sediento de violencia , un amante de Beethoven, del sexo, y líder de una banda de "drogos" (la visión futurista de una pandilla de adictos a una droga sintética que se toma con leche), y todo el largo camino de su re-incorporación a la sociedad, después de ser encarcelado y además al ser el conejillo de indias de un supuesto nuevo método de reintegración de los delincuentes a la sociedad, llamado tratamiento Ludovico, basado en brindarle al interno una sobredosis de violencia visual y drogas que le causan dolor al recibir el estimulo multimedia y como resultado de la terapia impartida por el Estado. Alex asimila que ha cambiado y que será útil en la sociedad de la cual hace tiempo renegaba de sus leyes y moral.
Hablar de la Naranja Mecánica como discurso cinematográfico es igualmente de rico, pero a la vez denso, que el discurso sociológico que lanza.
El tratamiento Ludovico (la terapia utilizada para convertir el ser violento de Alex a un ser tranquilo y socialmente adaptado) se caracteriza por el estímulo al que se le somete con los interminables vídeos de violencia y sexo. Como el se identifica viéndolos se le castiga obligándole a verlos sin poder siquiera pestañear, ni moverse durante sesiones maratónicas, utilizando herramientas de tortura como sujetadores de párpados, humectantes y drogas, para inhibir sus conductas violentas. La eficacia depende de la intensidad, la constancia y ritmo metódico entre respuesta y castigo. El resultado es un Alex amansado, un hombre que de ser victimarío se convirtió en victima del poder y de los artefactos del mismo en su intento interminable de la concepción de una sociedad utópica. ¿Será acaso que en nuestro país los niveles de violencia expuestos por los medios nos obliguen a ser distintos, ser más violentos o estúpidamente insensibles a la misma? ¿Tendremos Todos un Alex DeLage en nuestro interior?
Señor Kubrick usted lo sabia todo.
Marzo 12 del 2010






